Chistes Sin Gracia. El reportaje

Se dice que hay chistes “buenos” y chistes “malos”. En lo que todos estamos de acuerdo es que la mayoría de los chistes tienen dos partes: la introducción (por ejemplo, “Un hombre entra a un bar…”) y una gracia, que unida con la introducción provoca una situación graciosa que hace reír a la audiencia.

Por supuesto, hay distintos tipos de chistes. Algunos chistes se han clasificado informalmente dependiendo de su “color”, o sea su grado de picardía o vulgaridad contenida. Por ejemplo, los “chistes blancos” (o chistes de salón) son aceptables por “puros” y sin ningún tipo de ofensividad verbal, mientras que los “chistes rojos” (o “chistes verdes”) mencionan un contenido sexual u obsceno.

También están los chistes negros, que son para burlarse de enfermedades, discapacidades o la muerte. Ejemplo: burlarse de alguien que se cae de un edificio y se muere es humor negro.

Existen, por otra parte, las llamadas “parodias“. Se trata de los chistes que burlan a personas particulares o a etnias en particular usando algún representativo o frase que dicho o visto de cierta forma cause risa. Ejemplo: poner en burla las patadas giratorias de Chuck Norris es hacer una parodia sobre él.

Pues bien, yo decidí titular este post con el nombre de “Chistes sin gracia”. Como ven, se trata de una CONTRADICCIÓN ya que, por definición, llamamos chiste al “dicho u ocurrencia aguda o graciosa”. Entonces os preguntaréis: ¿por qué hay chistes que no tienen ninguna gracia? Quizá sea porque solo pueden provocar la risa en ciertos colectivos, como son, por ejemplo, los chistes machistas.

En una no-muy-difícil-búsqueda, di con algunos de ellos:

– Una esposa le dice a su marido: – Mi amor, ¿me puedes comprar un collar? – ¿Y eso?… ¿ya te cansaste de andar suelta?

– ¿En que se parecen las mujeres a las hormigas? – En que si les tapas el agujero se ponen como locas.

– ¿Qué hace una mujer con un folio en blanco en alto? – Reclamar sus derechos.

– ¿Como seria la mujer perfecta? Con la cabeza plana por arriba, para dejar la cerveza mientras la chupa.

– ¿Cómo dar más libertad a una mujer? – Ampliándole la cocina.

– ¿En qué se diferencian las mujeres de las niñas?… A las niñas las llevas a la cama y les cuentas un cuento, y a las mujeres les cuentas un cuento y luego te las llevas a la cama.

– ¿Cuándo irá la mujer a la luna? Cuando haya que limpiarla.

– ¿En qué se parecen las mujeres a los delfines?… En que se sospechaque tienen inteligencia pero aún no se ha demostrado.

– ¿Qué hace una neurona en el cerebro de una mujer?… Turismo. ¿Y dos neuronas?… No se sabe, aún no se ha dado el caso.

– Una mujer y un hombre saltan desde un piso 20, ¿quien llega primero al suelo? El hombre, la mujer se para a limpiar las ventanas.

– ¿Hasta qué número pueden contar las mujeres?… Hasta el 68 porque en el 69 tienen la boca llena.

– ¿Por qué las mujeres tienen cuatro labios?… Dos para decir jilipolleces y dos para arreglarlas.

– ¿En que se parecen las mujeres a las baldosas?… En que si las pegas bien desde el principio, luego las puedes pisotear todo lo que quieras.

– ¿En qué se parecen las mujeres a las fichas del parchís?… En que las dos se corren con el dedo.

– ¿En qué se parecen las mujeres a los cepillos de dientes?… En que cuanto más te las cepillas más se abren las cerdas.

– ¿En qué se parecen los globos y las mujeres?… En que el globo tiende a subir y la mujer sube a tender.

– ¿Qué haríamos sin las mujeres?… Domesticar otra especie.

– ¿En qué mes hablan menos las mujeres?… En Febrero, sólo tiene 28 días.

– ¿Por qué las mujeres tienen el agujero del culo y del coño tan cerca?… Para poderlas coger como los packs de cerveza.

Tras esta (aunque no lo creáis) “breve” selección, decidí no seguir leyendo. Se nos llama “cortitas”, se insinúa que solo servimos para limpiar (bueno, “se insinúa” es una forma de hablar…) y, por supuesto, queda claro que la mujer solo es útil a modo de objeto sexual.

Por extraño que pueda resultarle a “algunos”, no tardé ni 0,5 segundos en percatarme de que uno de los redactores de estos chistes no reparó en que “gilipolleces” se escribe con “g”, y no con “j”.

De modo que… sí, desde aquí me gustaría hacer un llamamiento a los hombres que emplean su tiempo libre en inventar este tipo de chistes, para que, cuando se propongan ofendernos, procuren hacerlo sin faltas de ortografía. Lo cierto es que no queda demasiado bien meternos con la inteligencia de los demás si demostramos que los primeros “cortitos” somos nosotros mismos…

 

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